octubre 28, 2026

“Era muy impactante. En el momento justo después del choque, cuando todavía no habían llegado los equipos de emergencia, la gente chillaba dentro del tren. En el vagón de la cafetería, donde yo estaba, los viajeros hemos salido despedidos”. El periodista de EL PAÍS Antonio Jiménez Barca, que viajaba en el tren AVE con destino Sevilla, que ha chocado con un Iryo este miércoles en la provincia de Toledo, cuenta en primera persona lo vivido. Este es su relato:

Yo viajaba en el vagón número 1, en la cola del tren. En un momento dado, se paró unos 10 o 15 minutos. Nos avisaron de que había un problema de “superabundancia en la vía” y yo me levanté para ir a tomar algo a la cafetería, que estaba en el vagón 4. En ese momento fue el accidente. De pronto sentí como que me empujaban por detrás, como que me tiraban al suelo. Estaba al principio de la cafetería y aparecí al final. Me di un golpe horroroso en la cabeza. Noté que el tren paraba. Estaba lleno de sangre. Tenía gente encima y había muchas personas al lado. Había una persona que tenía el brazo herido y otra con otro golpe en la cabeza. Luego los tres conseguimos salir y ayudamos a otra gente a que pudiera ir saliendo por un hueco que había en el vagón. Al salir del convoy, los accidentados se han dispersado y se han sentado en mitad del campo. Algunos de los que estaban en la cafetería estaban graves.

11.00. En torno a las once de la mañana, ya había bastantes médicos atendiendo a decenas de heridos. Las unidades policiales estaban filiando a los pasajeros, que se ayudaban unos a otros, intentando tranquilizarse. Un hombre está completamente mojado y se seca sentado al sol. Otro se encuentra preocupado: “Tengo tres hijos”.

Cuando hemos salido del tren, lo peor era el primer vagón del AVE: estaba completamente destrozado y había personas tiradas por el talud. Una de ellas estaba sentada en un sillón en medio del campo. Me pareció verla, la verdad.

Nos pusimos a ayudar lo que pudimos. La gente que sabía de medicina ayudó. Había quien se ponía a ordenar para no estorbar, y la mayoría creo que se aisló.

Esto es un campo de almendros y la gente se alejaba un poco del tren para recapacitar y ver lo que les había pasado. Y según iba pasando el tiempo, te ibas dando cuenta de lo que había sucedido.En cuanto sentí el golpe y vi que yo estaba bien, mi primer reflejo fue llamar por teléfono a mi mujer para decirle que estaba bien. Ya me quedé tranquilo. Y ha sido después cuando me he dado cuenta de lo que ha pasado. Ahora mismo todavía hay muchos policías aquí, muchos guardias civiles. Sigo impresionado. EL PAÍS.

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