*La rebelión de Sergio Méndez Arceo contra la Iglesia y el poder
Ciudad de México / 19.04.2026.- Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, ideólogo de la teología de la liberación y del progresismo católico, visitó una tarde de julio de 1970 a los obreros de Textiles Morelos que estaban en el viejo penal de Jiutepec. Iba con el propósito de “apaciguarlos”. Los habían apresado debido a su lucha por recuperar la media hora de comida que la empresa les había quitado.
“Estamos en la cárcel porque exigimos justicia. Pero usted ¿qué hace aquí? No se ‘acorriente’ viniendo a vernos”, le dijo el líder obrero Gabriel Muñoz El Cobijero. “Usted no sabe lo que es comer pan duro remojado con lágrimas y sudor. Ojalá se rebaje tantito y, como Cristo, conviva con los pobres. […] No lo va a hacer porque sería abaratarse, regrese con los ricos, retírese a donde usted pertenece”.
El obispo quedó pasmado, pero le estiró la mano a Muñoz y le dijo: “No me había encontrado con alguien que hablara así, frente a frente y me dijera mis errores. Les prometo que voy a levantar mi voz para denunciar las injusticias que sufren los humildes y no me importa pagar las consecuencias”. Luego agregó: “El día que me invites a tu casa a comer pan duro, acepto”.
Eso marcó un antes y un después en su vida. Tras ese encuentro, Méndez Arceo declaró que desde ese momento ya no quería “ser juez porque había decidido ser parte”, había decidido tomar partido por la clase trabajadora y enfrentarse al gobierno, a la oligarquía, al sistema. Lo llamarían el Obispo Rojo.
A 34 años de su muerte, el legado del que fuera obispo de Cuernavaca a lo largo de tres décadas (1952-1982) sigue vivo, pero ya no al centro de la vida institucional de la Iglesia católica, sino en la periferia que ha cobijado la “opción preferencial por los pobres”, la teología feminista y la teología queer, y donde no necesitan del permiso de ninguna estructura jerárquica para subsistir.
Y de eso da cuenta el reciente documental Obispo Rojo, de Francesco Taboada, una cinta de tres horas de duración con intermedio incluido; estrenada en la pasada Muestra Internacional de Cine, continúa en la Cineteca Nacional y algunas salas de cine comerciales por segunda semana consecutiva, algo sorprendente para un documental independiente.
Taboada es realizador de documentales como Los últimos zapatistas (2002), sobre los veteranos que pelearon la Revolución junto a Emiliano Zapata y Pancho Villa, o 13 pueblos en defensa del agua, el aire y de tierra (2009), que aborda el tema de la defensa de los recursos naturales de los pueblos nahuas. Explica que Sergio Méndez Arceo más que un político era un revolucionario, “pero después su historia me llevó a la parte espiritual que yo no tenía contemplada al inicio”.El cineasta de 52 años es originario de Cuernavaca y recuerda haber asistido de niño a las “misas de mariachi”, una de las innovaciones que el prelado introdujo en sus eucaristías en la catedral de la capital de Morelos. “Yo pensaba que todas las misas eran así”, recuerda el realizador entre risas. Aunque ahora la música popular es parte de la cotidianidad católica, antes sólo se permitían cantos gregorianos y música clásica. Lo que hoy es “normal” tuvo todo un proceso de resistencia por parte de la jerarquía católica pero también de la feligresía que se oponía a estos “sacrilegios”. Tomado de Milenio.