octubre 22, 2026

*Tres hipótesis para descifrar la conducta de María Eugenia Campos. Tres maneras de comprender semejante deslealtad. Tres versiones de Judas

Por Vanessa Romero Rocha

EL PAÍS

Aquella mañana, vestida de rojo y escoltada por la dirigencia de su partido, María Eugenia Campos llegó a la Fiscalía General de la República desafiante. A ella no la doblarían. Leyó con dificultad el documento que otros le habían preparado y, antes de retirarse, lanzó un modismo chihuahuense que desprecia la cobardía: chin chin el que se raje.

La escena electrizó a varios. Analistas creyeron descubrir en aquella bravura a una presidenciable para el treinta. La Virgen Xóchitl de la Tarahumara. Vicente Fox y Felipe Calderón se personaron en Chihuahua para venerarla. Dos expresidentes y varias generaciones del panismo reunidos alrededor de una gobernadora que había prometido no rajarse. Todos eran Maru.

Meses después, la gobernadora avaló la detención de César Jáuregui, su antiguo fiscal y aliado político. El mismo al que, en su cumpleaños, le recordaba los más de quince años enfrentando tragedias, confusiones y desavenencias. Quince años de complicidades. Quince años de lealtades.

Imputar la traición a la ingratitud es resignarse al móvil más precario. Ofrezco, por ello, tres hipótesis para descifrar la conducta de María Eugenia Campos. Tres maneras de comprender semejante deslealtad. Tres versiones de Judas.

De menos a más. La primera interpretación es la más favorable a la gobernadora. La que permitiría elevarla a la categoría de heroína.

Según esta primera lectura, Campos –defensora de Chihuahua frente a los embates de Morena y de las familias frente al narcotráfico– habría colocado la legalidad por encima de sus compromisos. Una gobernadora comprometida con el Estado de derecho y con aspiraciones presidenciales debía estar dispuesta a sacrificar incluso a los suyos. Sobre todo, a los suyos. Entregar al más cercano en nombre de una causa superior. ¿Cómo, si no, diferenciarse de Morena y de la protección política que le proporciona a Rubén Rocha?

Entregar a Jáuregui sería, en esta primera versión, una demostración de virtud. El triunfo de la convicción sobre la conveniencia.

La segunda hipótesis es más humana. Maru Campos habría actuado por supervivencia. Las acusaciones de cohecho y uso indebido de atribuciones que marcaron su ascenso al poder forman parte de un pasado que podría volver a perseguirla. Ante las presiones de la Federación y el temor de que las investigaciones se reabrieran, habría optado por salvarse a sí misma.

Esta versión suena más a Maru. En esta interpretación, Campos habría calculado el precio de su propia salvación y, en consecuencia, traicionado por partida doble. A Jáuregui, al abandonarlo en las fauces de sus enemigos. Y al panismo chihuahuense, por abrirle una fractura mortal. Un tiro de gracia.

Las acusaciones que han acompañado la trayectoria de Maru Campos obligan a negarle de antemano la interpretación más favorable. Por tanto, la tercera –y más verosímil– versión invierte el sentido de las dos anteriores. Si la primera explica la entrega de Jáuregui como un acto de virtud y la segunda como una forma de salvarse, la tercera sugiere que Campos lo traicionó precisamente por sus lealtades.

¿A QUIÉN HABRÍA PERMANECIDO FIEL CAMPOS AL ABANDONAR A JÁUREGUI?

En Chihuahua no solo está en juego la gubernatura de 2027. También la alcaldía de la capital, una posición desde donde se administran recursos y capacidad de articulación política. César Jáuregui aspiraba a ocuparla. Santiago de la Peña –secretario general de Gobierno de Campos y cuadro duartista– aparece en la misma disputa.

Allí reaparece Duarte.

La tercera hipótesis plantea que el sacrificio de Jáuregui en nombre de De la Peña no habría sido una traición a las viejas redes de poder, sino una manera de preservarlas. Al abandonar a su antiguo aliado y favorecer a un político formado en el entorno duartista, la gobernadora habría cambiado una lealtad personal por otra más encarnada.

¿Chin chin el que se raje? La gobernadora que prometió resistir terminó enfrentada a sus propias lealtades.

Las viejas redes del PRI sobrevivieron al gobierno de María Eugenia Campos. La alternancia que llevó al PAN al poder no consiguió desvanecerlas. Una eventual victoria de Morena con Cruz Pérez Cuéllar tampoco lo hará. Lo mismo que si triunfa Marco Bonilla con Acción Nacional.

La acusadora, el acusado, los operadores y los aspirantes. María Eugenia Campos, César Jáuregui, Cruz Pérez Cuellar y Marco Bonilla. Distintas trayectorias bajo la enorme sombra que sobre Chihuahua proyecta César Duarte.

Y chin chin el que se raje. Publicado este 21 de octubre por el País, edición México.

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