Vida Política

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 *Los excesos que terminan en desgracias para un diputado que todo lo fue, menos diputado….
 Por: Felipe Villafaña
El nombre de Alberto Martínez González quedará escrito en la historia popular de Morelos, no por su labor como dirigente partidista, no como político y menos como un legislador que dejó huella dentro del Congreso del estado, aunque haya presentado las mejores propuestas para mejorar el marco legal del estado.
Su incipiente carrera como servidor público o representante popular, no como político, refiere a tres años como presidente municipal de Tetecala de la Reforma y casi tres como diputado local.
Su impulsor principal fue el candidato al gobierno de Morelos Amado Orihuela Trejo, de quien fue su empleado como montador de toros en jaripeos, al que acuño y pretendió impulsar más allá de lo que podría imaginar quien de apodo respondía a “La Pave”.
Es una realidad que como “político” carecía de conocimiento en la materia, pero tampoco le interesó aprender el arte de la política y generar acercamiento con la sociedad.
Dicen en su municipio y en su distrito, el Octavo actualmente, que por estar más tiempo en sus cuestiones personales ya ni lo conocen, es más poco habita Tetecala y solamente rinde cuentas a su patrón: Amado Orihuela Trejo.
El asunto con el ex dirigente del PRI en Morelos fue como pasa con varios de sus compañeros: la soberbia lo venció y pensó que todo es para siempre, tanto de perder el piso y actuar con impunidad.
Los errores de Alberto Martínez González fueron los que, al final, lo llevaron a perder su carrera política y a pesar de que haya un arropamiento de algunos de sus compañeros priístas, como político –si es que lo fue- está acabado.
Ahora Alberto Martínez cometió el error de la soberbia, del orgullo y de los excesos que lo llevaron a ser protagonista en los medios de comunicación internacionales, ya no se diga al nivel nacional.
El caso del diputado local priísta sucede a muchos, algunas ocasiones hubo denuncias contra otros ex diputados locales, quienes en su momento también eran dirigentes de sus partidos y que en estado de impertinencia provocaron accidentes.
Antes no estaban las redes sociales y todavía había la posibilidad de que algo que fue real quedara como un mito, en la impunidad y los afectados comerse sus gastos y hasta la pérdida de sus familiares.
Actualmente, estamos en un big brother; es decir en una gran ojo que todo suele observar, criticar y hasta publicar cuando es un delito que afecta a la sociedad como sucedió con el diputado local priísta Alberto Martínez González.
Sin duda alguna que su exceso, hoy lo llevo a terminar con su incipiente carrera política, incluso hasta terminar con la escasa credibilidad que mantuvo en algún momento.
Son situaciones lamentables para los hombres, pero también hacia quien en momentos electorales cayó en una ilegalidad que traerá consecuencias electorales para muchos.
Los excesos en la ingesta de un hombre quien dicen antes estaba con los “demonios” hermanos Yáñez Moreno, fue lo que provocó un accidente, en el que afortunadamente no hubo lesionados, solo pérdidas materiales.
Alberto Martínez lo sabe y su resaca es de las más caras que ha pagado quien excede los niveles del alcoholímetro, no por las multas y daños que deberá pagar en lo financiero, sino en que perdió en unos minutos lo que trabajó durante años.
Lo peor es que no podrá regresar el tiempo, porque como lo decía Don Renato Leduc es una sabia prosapia aprovechar y darle tiempo al tiempo, hay cuánto tiempo perdí cuánto tiempo, se pregunta ahora el diputado local.
No es el único, también su equipo y su padrinazgo político como es Amado Orihuela Trejo que dentro de sus propuestas a impulsar en sus empresas políticas tenía más hombres y/o mujeres y los dejó del lado para hacer únicamente a uno.
Alberto Martínez González es ejemplo hoy para toda la sociedad de que hay químicos que no combinan con el volante, porque no solo suelen dar sustos también cambiar nuestro destino.
Al menos el ex presidente del PRI solamente tendrá que pagar daños materiales, porque para él afortunadamente no terminó con una vida ni con la suya. Pero seguramente, a futuro tendrá más cuidado al conducir.
Y si alguien recuerda a futuro al diputado local Alberto Martínez González será porque un día superó su ingestión alcohólica y perdió el control para toparse con la realidad, pero jamás porque fue un diputado local.
Así son las justicias de la vida cuando suelen cometerse errores, porque si hay impunidad hacia los que tienen poder en el vox populi hay situaciones que son inolvidables.

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