*El rebase de la delincuencia al gobierno…

Por: Felipe Villafaña

Los ataques masivos en los centros nocturnos, cada vez son más y dejan en riesgo una fuente laboral que también atraía el turismo, sobre todo de la Ciudad de México.

Entre los más recientes son uno el pasado domingo en Yautepec y el de Cuernavaca, cuyo saldo al momento –oficialmente- es de tres jóvenes muertos y 14 heridos.

¿Y detenidos, cuántos?

La cifra de jóvenes y mujeres asesinadas en cinco meses casi llega a los 300, pero pareciera que por el rebase de la delincuencia organizada a la autoridad la cifra podría duplicarse.

No hay una estrategia de seguridad pública y el famoso Mando Mixto Coordinado está convirtiéndose en un mito genial, como lo fue el Mando Único que al final demuestran que son un fracaso.

Hay temor social, porque por el rebase de la delincuencia en la autoridad genera el cierre de negocios, la pérdida de un empleo y ante todo el peligro que representa para todos salir del hogar.

Es lamentable que por irresponsabilidad, omisiones e insensibilidad, hoy tengamos el “Jesús” en la boca, el temor de salir por las noches porque los parques, las calles y los centros de distracción ya son un peligro.

Ya cualquier chamaco puede salir con una pistola, un rifle o cualquier arma para disparar sin problemas contra una multitud, no importa si es en la noche o a plena luz del día.

El problema es que los encargados de dar seguridad también tienen miedo, porque la delincuencia o cualquier hijo de vecina está mejor armado, cuenta con mejores automóviles para escapar de donde cometió el crimen.

Las cámaras de videovigilancia parece que fueron instaladas de adorno, porque el C-5 sigue siendo un ente inoperante, solo para recibir llamadas de algún accidente o bien para el chacoteo de quienes desde ahí “vigilan” el estado.

La mayor ironía es en la Fiscalía General del Estado, en donde nunca tienen dinero para absolutamente nada, solo para pagar los altos salarios de su titular, su gasolina y exageradas cuentas en comidas, así como en gastos personales.

Todas las denuncias están archivadas, no hay una sola investigación porque los elementos de la Policía de Investigación Criminal, jamás tienen gasolina en los autos oficiales, siempre el agraviado tiene que darles el combustible y una propina, para hacer que indagan.

La Fiscalía General es también un martirio para los familiares de los jóvenes que son asesinados, porque al reclamar el cadáver –con su dolor- los padres o hermanos deben llevar hasta la copia del acta de la boleta del kínder de la víctima, para que les entreguen el cuerpo y les den la sepultura correspondiente.

Esta es la realidad de un Morelos que hoy está envuelto en la inseguridad, porque también el robo de autos es cada vez mayor y no importa posición ni sexo y el atraco es cotidiano sobre todo en las zonas comerciales.

Los delincuentes salen a toda hora del día, atracan sin problemas y sin importar la zona e incluso pareciera que son protegidos por la misma autoridad, que atiende los asuntos de la sociedad 20 o 30 minutos después de los hechos.

¿Cuántos muertos más debe haber, para que desde el gobierno volteen hacia el pueblo?

¿Cuántas denuncias de la sociedad debe haber para que haya un cambio en la Fiscalía General, en donde la corrupción está impregnada y no hay un titular con voluntad ni ganas de que venga esa transformación?.

El miedo de la sociedad podría convertirse en una fuente ovejuna y no falta mucho para que suceda, que venga el ojo por ojo y diente por diente ante la parálisis de la autoridad.

No hay que descartar que dentro de poco en las zonas urbanas haya la integración de grupos de autodefensa, para defender la vida del hijo, del hermano o el familiar.

Son tiempos violentos en Morelos, no es una exageración y una realidad de que hoy las calles están en manos de los delincuentes porque son actos que pueden verse diariamente.

Ante ello, la sociedad reclama y exige si no funcionan váyanse y que lleguen quienes si tienen capacidad, si son del estado mejor porque conocen la idiosincrasia del pueblo, las zonas de riesgo y cuentan con un mapa criminológico.

En la Fiscalía General que también venga el cambio, que haya una limpia desde la cabeza hasta los pies, porque ahí huele a pudrición y hay un cáncer llamado corrupción que mantiene invadida toda la institución.